Tradiciones llaneras en la Semana Mayor perduran a medias *

* Publicado en el Diario 2001

De forma paralela al cronograma católico de Semana Santa, en la región llanera se desarrollaron costumbres que enriquecieron la devoción de los creyentes. Algunas, como las gastronómicas, aún son respetadas, pero la mayoría perdió vigencia y han subsistido como leyendas

Indira Rojas

Una de las misas matutinas del Nazareno de Achaguas

Una de las misas matutinas del Nazareno de Achaguas. Foto cortesía Eduardo Galindo

Algunas mujeres permanecían en la cocina, aunque ya la mayoría de la familia estaba sentada en la mesa para aguardar el momento del almuerzo. Se habían ausentado por un momento para terminar de salar las cachamas y bagres, con el  propósito de conservarlos y usarlos durantela Semana Santapara preparar las comidas.

El banquete ya estaba servido: Un pastel bien aliñado, cuyo olor y color llamaban al apetito. Estando en el llano era de esperarse que aquello fuera un festín de carnes rojas, de cortes jugosos y suaves, de esos que hacen que se haga agua la boca como al perro de Pavlov. En su lugar estaba servido un pastel de morrocoy, el Carapacho, como es conocido por los llaneros.

Cada viernes desde el Miércoles de Ceniza, fecha que marca el inicio dela Pascua, los creyentes se han abstenido de comer carnes rojas, respetando lo establecido por el Código de Derecho Canónico.La Iglesiaexplica que la abstinencia se realiza por amor a Dios y es una forma de demostrar que Él está por encima de los instintos y necesidades terrenales. En la región de los llanos es común la preparación del Carapacho en este tiempo litúrgico, y las carnes de baba, chigüire y galápagos también se incluyen en el menú para suplir a la carne de res.

Pisillo de Chiguire

Pisillo de Chiguire

Pasado solemne

“Morrocoyear” y “galapaguear” son expresiones que se escuchaban en el llano durante el tiempo de Cuaresma, que se denominaba la “semana de buscá”, dedicado a la caza y pesca de los animales que serían consumidos durante Semana Santa. En ocasiones las comidas eran preparadas antes del comienzo del tiempo sagrado, pues no estaba permitido cocinar ni realizar trabajos afines durantela Semana Mayor.

En la mesa también estaban servidas unas hallaquitas aliñadas, humeantes y tentadoras. Estas habían sido preparadas al momento, pero antes de que existiera la harina comercial las mujeres se dedicaban a moler el maíz en piedras y luego lo pilaban para preparar la masa que al combinar con manteca de cochino se convertía en una gloriosa hallaquita. Una vez listas se envolvían en hojas de maíz y se sancochaban. Luego, eran colgadas de una cuerda en el techo del fogón para recalentarlas en los días santos.

En el siglo pasado, el menú de carnes blancas no era la única práctica que expresaba el tono sagrado con el que se evocabala Semana Mayor.Por las calles de las poblaciones llaneras era común ver a las mujeres con los cabellos trenzados, porque peinarse estaba prohibido y bañarse tenía consecuencias terribles, que hoy son inverosímiles y han perdido vigencia por su naturaleza mitológica.

Mojarse en algún afluente o curso de agua era condenarse de por vida como una criatura del río, y no había posibilidad de retornar a la figura humana. Si alguna mujer osaba burlarse de esta prohibición se convertía en sirena, y si algún hombre cometía el mismo error era transformado en hombre pez; así lo explican los registros del antropólogo Maury Márquez sobre mitos en el Alto Apure. Estas creencias consolidaban el respeto por las tradiciones y moldeaban las actitudes de los llaneros creyentes.

Tampoco estaba permito realizar oficios del hogar ni barrer, sólo el Lunes y el Martes Santo, y en la vivienda se solía colocar amuletos de protección detrás de la puerta principal, elaborados con hierbas y plantas de uso medicinal, como la sábila.

Prácticas olvidadas

Las costumbres más ortodoxas se han perdido con la llegada de la globalización y la modernidad, incluso el pastel de morrocoy se convirtió en un plato polémico porque la muerte del reptil es considerada crueldad animal. En la actualidad la receta original es conservada en las partes más remotas del llano y del oriente del país, pero en las ciudades llaneras la tendencia es sustituir la carne de morrocoy por la de pescado u otro animal. Márquez registra el testimonio de un lugareño de Achaguas, Silverio Guillén Contreras, quien explica cómo es preparado el Carapacho: “Se coge la morrocoya hembra, se busca una sierra, y se le corta por los laos, se le saca la tapa [el caparazón] y se le sacan las cuatro piezas y la cabeza. Entonce se hace una masa con bastante aliño y el resto de la carne”.

La bloguera Maylida Armas, ingeniera civil que se ha dedicado a la difusión de las prácticas llaneras, comenta en su página web Vivencias llaneras del abuelo: “Con el pasar de los años se ha ido ‘suavizando’ el rigor de los días santos en casi todo el país. Aún algunas abuelas exigen silencio de los muchachos Jueves y Viernes Santo, hacen el ayuno, y manejan el luto por la muerte de nuestro Señor Jesucristo con toda seriedad. Sin embargo, en general las viejas costumbres de no bañarse, de no hacer ruido, de no batir huevos, no comer carnes rojas, etc, han ido desapareciendo detrás de la oportunidad de cortas vacaciones”.

El Padre Antonio Pérez, párroco del Santuario Diocesano del Milagroso Nazareno de Achaguas, Apure, comenta que las tradiciones religiosas como la bendición de las palmas el Domingo de Ramos, las procesiones, la asistencia a las misas y la devoción hacia el Nazareno, no se han perdido en el interior del país. Destaca que algunos capitalinos viajan hasta Achaguas para participar de las actividades litúrgicas en el lugar, principalmente si su cometido es pagar promesas y favores concedidos: “Aquí el Miércoles Santo se ofician diez misas dedicadas al Nazareno. Esto indica que la tradición va en ascenso, miles y miles de personas vienen hasta acá”.

Afirma que la tradición católica para el pago de promesas sigue en pie, incluyendo aquellas penitencias dolorosas, como el caminar descalzo, llevar una corona de espinas, o acostarse en el piso “para que la gente pase sobre el penitente”.

“Pero quizás lo más bonito de esas viejas tradiciones, lo constituyen los juegos, bien sea de muchachos o adultos”, apunta Armas en su blog, lamentando la pérdida de las tradiciones infantiles. Los niños disfrutabanla Semana Mayor entre trompos y zarandas, juguetes fabricados en ocasiones por ellos mismos con madera de guayabo o tapara, o salían a volar los papagayos elaborados de caña brava. Era habitual que se organizaran competencias para demostrar sus habilidades en los juegos, y en las colas de las cometas “se podían colocar objetos livianos pero cortantes para las peleas de papagayos”, cuenta Armas.

Trompo, juguete típico venezolano

Trompo, juguete típico venezolano

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