Caraqueños depositan su fe en el esoterismo y la santería*

*Publicado en el Diario 2001

Imágenes católicas, deidades yorubas, amuletos orientales y lociones milagrosas conviven en las perfumerías esotéricas, y forman parte de la oferta de productos que prometen ser vías rápidas para alcanzar estabilidad monetaria, atraer el amor y la suerte, y obtener la protección divina

Indira Rojas

Un hombre de edad madura señala una de las estatuillas del estante de la izquierda. “¿Obatalá cuánto cuesta?, pregunta. Uno de los empleados llama con señales al compañero que está al otro extremo de la tienda, un joven moreno de nombre Oscar Silva. “Ese que está ahí cuesta ciento veinte” responde al cliente casi en un grito, compitiendo con el escándalo de voces dentro del establecimiento y el ruido ensordecedor de los autobuses que pasan constantemente por la avenida Baralt.

Son las cuatro de la tarde, día de semana, plena avenida en apogeo vespertino, y El Indio Poporopo C.A recibe a todo aquel que viene buscando suerte, fortuna, bonanza y protección. En cada pared, rincón y esquina hay una estantería con los más variados productos y objetos, que no sólo prometen el bienestar espiritual, también se dejan colar bálsamos, cremas y remedios para sanar los males físicos. “Llegó la moneda del emperador para obtener la prosperidad”, “para el asma usa aceite de raya y tonina” son algunas de las novedades que ofrece El Indio Poporopo, que con toda esta mercancía a disposición de sus clientes tiene más bien aires de chamán.

Oshun, deidad de la religión yoruba relacionada con la santería, comparte la vitrina con La Divina Pastora; figurillas de cráneos en miniatura son vecinos de una María Lionza de yeso, y amuletos de origen oriental conviven con deidades católicas. “El sincretismo religioso es característico en la cultura latinoamericana. Las creencias conviven sin ningún tipo de contradicción, pueden coexistir”, explica Axel Capriles, reconocido especialista en psicología analítica y profesor de la UCAB.

El mercado desarrollado en torno a devociones y cultos es receptivo a cualquier creencia, pero su única religión es el comercio y el servicio al cliente. “Nosotros sólo vendemos los productos. Tenemos para todo tipo de público a precios económicos, más que todo para gente de pocos recursos que busca superarse y quiere algo que lo ayude a tener más suerte en el trabajo o en el amor, o con el dinero”, explica Vladimir, quien trabaja desde hace dieciocho años en el local Cristo II, también localizado en la avenida Baralt.

Uno de los empleados de la tienda alza la voz para llamarlo, y en seguida su silueta delgada se pierde en un sinfín de cajas de tabacos, velas de todos los tamaños, collares y pulseras de santería, jabones para la buena fortuna y perfumes de hasta un litro que garantizan la solución de problemas monetarios o malas rachas laborales. Los empleados de la tienda no tienen descanso, el lugar está siempre saturado de clientes impacientes por ser atendidos. Según Vladimir a la semana reciben aproximadamente más de doscientas personas.

Hay quienes se acercan buscando sugerencias sobre los productos más efectivos para mejorar su suerte, incluso reciben consejos, según sea el caso, sobre su aplicación y uso. Tanto Oscar como Vladimir afirman que gran parte de la clientela que reciben diariamente no está muy segura sobre los objetos o perfumes que deben comprar, y los empleados tienen la tarea de orientarla hacia aquello que sea más conveniente para la solución de sus inquietudes.

“Yo tomo esto como un trabajo, estoy aquí para atender a los clientes y darles lo que me piden”, expresa Joel Noreña, joven que lleva ocho años trabajando en la tienda Elegua, en Quinta Crespo, un negocio en el que interviene gran parte de su familia oriunda de Colombia. El mundo de misticismo y religiosidad que lo rodea durante su jornada de trabajo es tan sólo un ambiente laboral, Joel es católico.

Detrás de su corpulenta figura resaltan todo tipo de artículos usados en ritos santeros: coronas de colores vivos, figuras de arcilla, y palos decorados con piedras llamados Garabatos. Del techo cuelgan unas enormes colas de caballo rematadas con un mango corto para facilitar su agarre, denominadas Iruke.

En todas las estanterías se ven envases de arcilla o madera que los santeros llaman soperas, estas forman parte de los objetos que constituyen los tronos de los santos en las ceremonias de iniciación, ritual que se conoce como hacerse el santo. “La mayoría de la gente hace eso porque sufren alguna enfermedad y creen que así pueden curarse, o para buscar protección”, afirma Joel.

Para el joven sus clientes son un tanto supersticiosos, debido a las características de sus creencias religiosas, en las que los colores, las prendas, la vestimenta y las herramientas para los rituales tienen un significado propio y cumplen una función específica. Pero Oscar Silva define a la santería como una religión, cuyas raíces se remontan a la cultura africana, y desmiente la imagen perversa que se ha difundido sobre ésta: “Algunos creen que esto es diabólico, porque en la santería se hacen sacrificios de animales. Pero para los santeros, los paleros y los espiritistas está Dios ante todo, es el mismo de la religión católica pero le damos otro nombre”.

Los comerciantes aseguran que el número de seguidores de estas creencias se ha incrementado en los últimos años, lo que ha provocado la multiplicación de establecimientos esotéricos. “Sin duda por la situación del país”, sentencia Vladimir, “la gente siempre desea tener una creencia para ayudarse”. La opinión profesional del psicólogo Axel Capriles no está lejos de la percepción del joven. Afirma que “el número de creyentes ha aumentado porque los procesos de modernización del país no han dado los resultados esperados”.

El especialista explica que ante las dificultades y las penurias las personas suelen experimentar “procesos regresivos que los llevan a creer en principios mágicos, como la ley del contagio o la de similaridad”. La primera alude a los procedimientos esotéricos que garantizan éxito o suerte, “por ejemplo, cuando te dicen que tienes que cortar un mechón de cabello de la persona que te gusta, y ponerlo en un sitio en específico”; mientras el segundo precepto se refiere a la fe que tiene el creyente en una figura o talla ya que por similitud esta supone ser la divinidad en la que se cree.

“Es un cincuenta y cincuenta”, dice Vladimir, “depende de que el producto sea de calidad y de la fe que tenga la persona hacia él”. Joel es más tajante, y afirma sin rodeos: “Todo está en la mente”, y recalca que la efectividad de los amuletos y los perfumes es sólo resultado de una confianza absoluta entre el creyente y el producto que se está llevando.

Los más solicitados

Hay siete deidades de la cultura yoruba que son las figuras más solicitadas es las tiendas esotéricas especializadas en santería y palería, destacan Elegua, Changó y Oshum. “Changó lo solicitan mucho porque es el más guerrero, representa el fuego, y Oshum simboliza el amor”, explica Oscar Silva. Para los santeros, paleros y espiritistas cada objeto tiene una simbología propia, y sirven como una garantía de protección. Si en la calle se ve a algún transeúnte con una pulsera de cuentas rojas y negras, generalmente muy brillantes, es una señal de que su santo es Elegua. Si por el contrario su brazalete es de azul y blanco entonces con él está Yemayá, y en el caso de que su santo sea Changó entonces usará prendas de colores rojo y blanco.

Creer tiene su precio

Entre las imágenes religiosas de la santería, la palería y el espiritismo, las de mayor tamaño superan los Bs. 600. Hay figuras incluso de dos metros de altura, que pueden llegar al millón de bolívares. El costo de cada pieza se valora según su tamaño, la calidad del trabajo manual o industrial, y el material. Una sopera puede costar Bs.500, las pulseras y collares tienen precios variados que oscilan entre los Bs.30 y los Bs. 70. “Yo creo que la santería es una de las religiones más caras”, comenta Joel. “Incluso, hay rituales que cuestan mucho dinero, como hacerse el santo”.

Perfumería esotérica

Cada poción se aplica de manera diferente para garantizar su máxima efectividad. Los extractos para la buena suerte se frotan en la piel, mientras que las lociones para el amor se deben colocar en lugares específicos. “Las chicas son las que más compran este tipo de productos. Generalmente se recomienda que  coloquen un poco en el cuello, detrás de las orejas, en las partes, y otros lugares”, explica Vladimir.  Si lo que el cliente está buscando es mejorar la situación de su bolsillo, se aconseja aplicar la esencia como si fuera una colonia cualquiera; sobre todo en ocasiones especiales, como en un juego de azar o una reunión de negocios.

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